Sócrates y el padre de Feynman

El poder de las preguntas, el reconocimiento de la ignorancia y la curiosidad por lo desconocido son fundamentales para el conocimiento. Tengo la intuición de que todos los grandes investigadores supieron poner en valor la curiosidad y la duda en la investigación, juntas forman una gran combinación, pero que es necesario disciplinar.

Llevo muchos días sin saber porque tema empezar, me rondaban muchas ideas. Finalmente, he decidido indagar en las preguntas. Usadas para comprender, evaluar, cuestionar etc. Pueden ser directas, indirectas, cerradas o abiertas, a veces, se originan de nuestra curiosidad, otras pueden despertarla…

Antes de entrar en los detalles de los personajes del título de este post, me gustaría introducir aquí, a un personaje polifacético: físico, profesor y gran divulgador que nos dejó hace muy poco tiempo, Jorge Wagensberg (1948-2018).

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Jorge Wagensberg durante las Jornadas Interració 2017

Su libro el pensador intruso me ha inspirado muchísimo, acercándome un poco más a la interdisciplinaridad que tanto me intriga. Sus letras me han ayudado a poner palabras y reordenar mis pensamientos, llegando a experimentar lo que él llamaba, casi de forma poética, el gozo intelectual. Wagensberg reflexiona allí, sobre los principios del conocimiento científico:

  • 1) Objetividad
  • 2) Inteligibilidad  
  • 3) Dialéctica

El primero, hace referencia a la universalidad del conocimiento, comprensiones sobre la generalidad que nos permiten llegar a la segunda, la inteligibilidad, que viene a ser la anticipación a la incertidumbre o la capacidad para hacer predicciones. Y por ultimo, la más fascinante para mí de los tres principios: la dialéctica. Y, aquí es donde empieza la historia… (volveremos a Wagensberg otro día).

Es sabido que el padre de Feynman, Melville Feynman (1890-1946) fue una gran influencia para Richard Feynman desde su edad más temprana. El físico, mencionó en muchas entrevistas y conferencias la fascinación que aún le provocaba la forma en que su padre le hacia cuestionarse por la naturaleza de las cosas.

Imagen de archivo: Familia Feynman
Imagen de archivo: Familia Feynman, Lucille, Melville, Joan y Richard

Lo relató así: “En los fines de semana, cuando mi padre venía, me llevaba a dar paseos por los bosques. Las otras madres pidieron a sus maridos que llevaran a sus hijos también. Un día, todos los chicos estaban jugando en el campo y uno me dice: ‘¿Ves ese pájaro? ¿Qué clase de ave es esa?’ Yo le contesté: ‘No tengo la menor idea’. Él me dijo: ‘Es un tordo de garganta carmelita, no es mucha la ciencia que te enseña tu padre’. Pero era al revés. Mi padre me había enseñado. Mirando un pájaro, él me diría: ‘¿Sabes qué pájaro es ese? Es un petirrojo del monte. Pero en portugués es jontorapeiro. En italiano, una chunturapiquita. En Alemania lo llaman halzenfzugel y en China, chung ling. Pero ahora que sabes, en todos los lenguajes que quieras, cuál es el nombre de ese pájaro, no sabrás absolutamente nada de nada sobre él. Ahora, miremos al pájaro y qué está haciendo’. Mi padre me había enseñado a observar. Me decía, por ejemplo: ‘Mira, observa que el pájaro siempre esta picoteándose las plumas, ¿qué crees que está picando en ellas?’ Contesté que quizás estaban alborotadas y trataba de ordenarlas. Me dijo: ‘Bien, ¿cuándo y por qué se alborotan las plumas?’. ‘Cuando vuela, cuando camina no lo creo, se alborotarán mientras vuela’, respondí. A esto me dijo: ‘Supones, entonces, que las picará más cuando acaba de aterrizar que cuando ya lleva un buen tiempo caminando por ahí. Bien, entonces, observa. Descubrí que mi conjetura era errónea, el pájaro picoteaba sus plumas con la misma frecuencia independientemente del tiempo que llevaba en el suelo. Las observaciones se convertían en una vivencia extraordinaria con un resultado maravilloso”.

Notamos aquí, que Melville Feynman enseñó a su hijo a observar y a cuestionar lo que veía,  haciendo uso del arte de preguntar. Es sorprendente como las conversaciones determinan nuestra forma de mirar, especialmente en la infancia. En la historia del pequeño Feynman, vemos como las preguntas guiaban las observaciones a modo de pequeño experimento, diseñado para revelar la veracidad de su conjetura. En la mayoría de las ocasiones, como en este caso, Feynman descubría su error quedando maravillado por lo que el llamaba el placer de descubrir. Seguramente, este juego, dirigió su mente hacia una actitud escéptica y de curiosidad, que determinó todo su brillante trabajo científico.

Por otro lado, también fue característica su actitud frente a la incertidumbre:

“Pienso que es mucho más interesante vivir sin saber que tener respuestas que pudieran ser falsas” Richard Feynman

Es igualmente relevante reconocer tanto lo que sabemos como los misterios que quisiéramos descifrar, y para hacerlo, hay que revelar lo que ignoramos. Al leer estas historias entre Padre e hijo, no pude evitar encontrar similitudes con el diálogo Socrático. No se si Melville conocía y practicó la ironía y mayéutica conscientemente, o si fue algo espontáneo. Pero, lo que si es cierto, es que fue fundamental para la educación de Richard Feynman. Las semejanzas van más allá de las evidentes preguntas y respuestas, todo el proceso está dirigido hacia la exploración y el propio descubrimiento, al igual que el camino Socrático. El maestro trata de hacer conscientes los pensamientos del estudiante, para que él mismo sea el autor de su reflexión y descubrimiento. No es lo mismo conocer definiciones que aprender mediante las propias experiencias.

La práctica Socrática, que nos llega indirectamente a través de sus discípulos, específica y diferencia la educación de la instrucción, porque considera que su trabajo es ayudar a adquirir un sentido crítico propio, y aquí, encontramos, de nuevo, el énfasis en la experiencia y el pensamiento disciplinado que debemos entrenar.

No es de extrañar entonces, que según la actitud socrática la docta ignorancia o primera sabiduría verdadera, se base en el reconocimiento de la propia ignorancia. Como vemos en la infancia de Feynman, su padre le acompañaba y guiaba durante la observación haciéndole preguntas para enseñarle a pensar y a mirar. También aquí encontramos las dos fases de la práctica; la ironía, que nos permite cuestionar nuestras premisas y supuestos para después llevarlos a la experiencia y la observación. Y, una vez revelada la veracidad o error, que ya es en sí, un primer conocimiento, podemos practicar la mayéutica, “dar a luz” un nuevo descubrimiento. De modo que, mediante la ironía de revelar el descubrimiento de lo que no es, podemos cambiar la pregunta y volver a observar, y así en un ciclo infinito de aprendizaje que se inicia en nuestra niñez.

Según lo que yo entiendo, el sentido crítico es el balance que hacemos individualmente, entre diferentes puntos de vista, datos y experiencias que tenemos, a modo de diálogo interno. Necesitamos bastante conocimiento para hacerlo, por eso, creo que una buena manera de aprenderlo y ampliar nuestros horizontes, es conversar con otros, lo que llamamos practicar la dialéctica. De hecho, ¿no es eso lo que hacen los investigadores con las revisiones, los congresos y la lectura de artículos? Por esa razón, Wagensberg la tomaba como tercer principio del conocimiento científico.

Otra característica de la práctica dialógica es la huida de las definiciones vacías, que también, lo fue para Feynman. Para él, no tenía sentido usar las definiciones (elaboradas después de mucha investigación) para enseñar a los más pequeños a familiarizarse con la propia mente y la disciplina del pensar. Según su visión era más importante enseñar a pensar practicando razonamientos desde la experiencia y así cultivar la actitud investigadora.

“Tiene gran valor ser conscientes de que no conocemos las respuestas a diferentes preguntas. Esta actitud mental, es vital para el científico, y es esta actitud la que debe adquirir en primer lugar el estudiante. Llega a ser un habito del pensamiento. Una vez adquirida, uno ya no puede dar marcha atrás”

Feynman también menciono que no le interesaban las respuestas en si mismas, sino el proceso mediante las descubrimos. Quizá, esto sea la clave para hallar la honestidad e integridad científica, donde los logros pasan a un según plano. Es, esa misma actitud la que guía la necesidad de conocer, y es ahí, donde comienza cualquier investigación honesta. Despojándose de la certeza, uno tiene la oportunidad de experienciar los fenómenos que se producen tras la PREGUNTA.

Aprovecho para recomendaros, la entrada, Joan Feynman, la física de las auroras, de Laura Morrón en los Mundos de Brana, donde narra un pedacito de la historia vital y científica de Joan Feynman y la relación con su hermano, Richard Feynman. No os la perdáis.

Referencias:

Fun to imagine, entrevista a Feynman para la BBC, 1983 

El método Socrático hoy. Para una enseñanza y práctica dialógica de la filosofía. Carmen Segura Peraita

El placer de descubrir. Richard P. Feynman

 

 

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